Historia de como terminamos “Siendo uno”

Ser agilitista es… difícil de explicar. Tratar de serlo, quizás aún más, porque como no tienes ni idea de nada… Quien escribe estas lineas llegó al agility no por devoción, si no buscando una mejor conexión o entendimiento de mi perra. No tener ni idea de perros y que tus únicos conocimientos fuesen los que habías adquirido viendo programas de televisión pues… no suelen llevar a muy buen puerto la verdad.

Buscando y buscando terminé en un supuesto club de agility. Quizás en algún momento lo fue pero fríamente y a toro pasado las impresiones eran otras. Era más parecido a un circulo de amigos/conocidos donde tu dabas vueltas a una pista, y tu perro te seguía porque tenías un trozo de salchicha en la mano. Bueno, a mi si me enseñas un buen chuletón de buey o un cachopo “homologado” en calidad y medidas, pues también te persigo hasta donde haga falta. Mientras tanto, el resto de perros hacía el cabra fuera de la pista. La positividad se transformó en permisividad, y se nos fue de las manos. A todos. Empujado por desavenencias y problemas económicos, decidimos irnos. De regalo nos llevamos unos cuantos problemas de conducta que se tornaron más serios todavía con el tiempo. ¿Me permitís un consejo? Si algún día necesitáis de un profesional por problemas con vuestros perros, no dejéis que un par de sonrisas y cuatro palabras complacientes os toquen la fibra. Fijaos en su trabajo, en como tiene a sus propios perros, y si dudáis.. Huid.

La incorporación de otro perro a la familia al cual le desbordaba el miedo, la falta de personalidad, el pánico a su entorno y un sinfín de cosas más, no hizo más que empeorar la situación. Mis dos perros se llevaban bien, pero inseguridad + inseguridad y miedo + miedo al cuadrado, no suele terminar bien. Los problemas de conducta de ella fueron creciendo hasta que pasó lo que tenía que pasar. Se nos fue de las manos. De esta manera y tras una conversación telefónica con Félix, nuestro profesor en Canedupo, decidimos unirnos al que a día de hoy sigue siendo nuestro club, y trabajar así la cantidad de problemas que había, que no eran pocos. ¿Recordaís que antes os comenté que se soltaban a los perros sin control? Imaginaos hasta donde llegó la situación para no poder estar a menos de 50 metros de otro perro porque se comportaba como si estuviese poseída por el mismísimo satanás. 48 horas después de esa llamada, tuvimos nuestra primera clase. A día de hoy, no he superado esa bomba de información que me impactó de lleno.

Ese día marcó un antes y un después en mi relación con mi perra, mi compañera, mi amiga. En tan solo una sesión se habían respondido al 90% de las dudas que tenia sobre su comportamiento. Ese “personaje” había sido capaz de describirme en un momento los problemas de mi perra y sus causas, y empezamos a trabajar las soluciones. Pocas veces me he sentido más gilipollas. Yo sabía que mi perra no podía ser así, pero hasta ese día no sabía lo que fallaba, y claramente era yo.

Dos años después aquí seguimos, adictos al agility y preparándonos para debutar en competición. Queda lejos eso de no poder cruzarnos con perros por la calle. Lo tenemos superadísimo. El día que vi a mi perra subida a una pelota de pilates… pese a sus miedos… aguantando el equilibrio… Ese día supe que seríamos capaces de cualquier cosa. Ese fue uno de nuestros pequeños triunfos. El golpe en la mesa llegó cuando superamos el balancín. Aquel día mi perra y yo flotábamos.

Y seguimos flotando, todos los días, en cada paseo, en cada entreno, en cada pista. Porque lo que no tenemos en velocidad, lo compensamos con esa magia, conexión, complicidad. En esa mirada que nos lanzamos uno a otro en la que nos decimos todo.

Miradas en las que yo le pido disculpas por fallar, por frustrarme y arrastrarla conmigo. Miradas en las que ella me dice que está lista, que me deje de mis miedos, que confíe en ella, le de la salida, y que en esos segundos que estamos en la pista seamos los más felices del planeta.

Vendrán días malos, días peores, días en los que te plantearás si sigue mereciendo la pena, hincarás la rodilla, y entonces aparecerán tus compañeros de club para iniciar tu rescate (gracias Borja). Y por supuesto, será tu perra quien lo complete.

Habrá quien te diga que estás loco por dedicar tanto tiempo y pasión a correr con un perro. ¿Seguro que yo soy el loco?

Disfrutaremos de nuestros avances y de los de nuestros compañeros, nuestra familia. Porque sus victorias serán nuestras, y las nuestras, si llegan, serán suyas.

Seguiremos trabajando, seguiremos peleando, porque pese a que nos falta velocidad, como dice Alejandro Goffin “tenemos amor, pasión, sacrificio, unión”. Nuestro objetivo siempre será divertirnos y aunque nos falte el aliento, mi perra y yo, SEREMOS UNO. Y esta, nuestra banda sonora.

 

PD: Gracias a Canedupo por hacer que mi perra y yo seamos quienes somos en la actualidad, y gracias por semejante canción Alejandro Goffin. Es…. PERFECTA.